Mundo de ficçãoIniciar sessãoKaren, uma mulher no auge dos seus 35 anos, com uma filha de um relacionamento fracassado vive a vida somente para o trabalho e a filha. Apesar da força que mostra, ela está cansada das insistentes chantagens emocionais que a mãe faz para que ela se case novamente. Se vendo sem saída, faz um acordo inusitado ha um dos seus funcionários. Felipe é um homem mais jovem, bonito e que se dedica para cuidar da mãe doente, o acordo que Karen o fez brilhou seus olhos, fazendo assim ele aceitar. Só não imaginavam que desse acordo surgiria um amor puro. Mesmo com a pouca diferença de idade, Karen está disposta a lutar pelo que ela acredita não ser certo.
Ler mais—¡Gorda, gorda, gorda! —se escuchan los constantes gritos de una muchedumbre que, debido a lo fuerte de sus voces, hace eco en las paredes de ese corredor de secundaria, regresando con más fuerza impactado ese ruido en la joven a la cual le hacen bullying.
En el centro de todos esos adolescentes, está una chica regordeta usando un pantalón de algodón, con una camisa de color blanco y con su cabello oscuro como la noche sostenido en una coleta sobre su cabeza; ya hace en el piso, rodeada de todos ellos y recibiendo esos constantes cuchicheos que le aturden los tímpanos. Sintiendo miles de emociones encontradas al ser atacada por esos adolescentes que dicen ser sus compañeros, pero solo son unos carroñeros en busca de la presa más débil y esa tenía que ser ella. —Creo que es momento de tirarle comida a la cerda —grita alguien en el fondo que la joven no logra ver. —¡Qué buena idea! —respondió alguien de la muchedumbre, motivando a todos. Los adolescentes sacan de sus mochilas y de donde pueden todo tipo de comida y golosinas. Son arrojados a la chica regordeta que ya está en el suelo, cubriendo su rostro con sus manos para impedir que alguno de esos proyectiles pueda lastimar su cara. La comida choca contra su ropa que es manchada por chocolate, refresco, crema de maní y otros tipos de comidas. Su cabello tampoco no se salva que le cae goma de mascar y otras comidas que se mezclan en esa zona. La joven que está en el piso solo se siente llena de vergüenza, tristeza y de ira por ver cómo todos sus compañeros son tan malos con ella cuando ella no les ha hecho nada malo. Mientras está sobre ese charco de refresco y comida, eleva su mirada, que se posa en esa persona en especial, un chico alto de 1,75 de piel blanca, con cejas prominentes, su rostro cuadrado, nariz afilada, labios delgados, cabello café oscuro, ojos verdes, con ropa de marca cara que sonríe de ojera a ojera disfrutando de la escena que está presenciando mientras abraza a su novia, la capitana de porristas, una rubia de 1,68 de ojos verdes, la típica chica popular, y es que se sabe bien que siempre los populares se juntan como si fueran uña y mugre. La joven sabe perfectamente que todo esto es idea de él, Hades Lara, el chico más popular de la escuela el es el que esta a la cabeza de todo esto. Él siempre la ha odiado y se ha burlado de ella desde que estaban muy pequeños porque para su desgracia han estado en las mismas escuelas desde niños. Ella lo fulmina con la mirada, casi queriéndolo matar, y es que sabe bien que él es el único culpable de todo esto. Pero al ser popular, todos le siguen el juego, ya que creen que él les está enseñando lo correcto. —¡Ten tu bocadillo, cerda! —grita un chico que pasa a su lado, arrojando ese proyectil que cae en el rostro de la chica que, por estar viendo a Hades, no pudo detenerlo y ha manchado su rostro, impidiendo su vista. —¡Ja, ja, ja! Lo único que escucha son las risas de todos; se aparta esa pasta oscura que le han arrojado al rostro, viendo cómo todos continúan riéndose de ella. —Deberías de regresar a la sabana, Kayla; allá están donde perteneces, allá están los de tu especie, no aquí, porque ten en cuenta que en este mundo nadie se fijaría en una gorda como tú y el que lo haga debe de estar completamente ciego. —Habla Hades con burla y todos se ríen ante la broma que ha dicho. —Si tienes razón, amor, nadie se fijaría en una hipopótama —declaró esa rubia con una sonrisa burlesca. Kayla solo los mira molesta, pero al oír esas hirientes palabras, siente cómo se le hace un nudo en la garganta y cómo sus ojos se llenan de lágrimas al punto de casi bajar por sus mejillas, pero intenta contenerlas no permitirá que ellos la veas llorar. . —¿¡Qué ocurre ahí!? —grita uno de los maestros, haciendo que la multitud se aleje rápidamente hasta dejar solamente a Kayla en el piso. —Kayla, ¿estás bien? —preguntó el maestro, ayudándola a levantarse. —Creo que sí —respondió la joven que aún sostiene sus lentes en su mano y con la única esquina de su camisa los intenta limpiar para poder usarlos porque su vista es tan pésima que sin ellos no puede ver. —Ve a limpiarte; yo me encargaré de ese grupo —le dice el hombre que la deja sola para irse detrás de la manada de alumnos que ha salido corriendo escondiéndose donde pueden. Kayla, al quedarse sola con toda esa comida, se agacha agarrando su mochila y, con pasos calmados, se va por el pasillo dejando a su paso un rastro de gotas y desperdicio de comida. Hasta que al fin llega al baño, abre la puerta con calma, acercándose al lavamanos, dejando su mochila y sus lentes sobre él, ya que no los pudo limpiar debido a la pasta que no tiene ni la menor idea de qué es, aunque su olor es tan fuerte y apestoso. Abre la llave del grifo dejando salir el agua, coloca sus manos debajo de ese chorro de agua, tomando un poco en sus palmas, inclinándose hacia el frente y llevándola hasta su rostro, intentando limpiar todo residuo de su cara. Tras varios intentos de llevar el agua a su cara, al fin cierra la llave, saca su abrigo de su mochila y lo usa como toalla para secarse. Ve su reflejo en el espejo y se queda triste y seria al ver su cara toda regordeta. Sus mejillas están infladas, sus labios pequeños porque sus pómulos son más prominentes que ellos, haciendo que sus ojos y su nariz se vean más pequeños. Baja su vista a su cuerpo, que es de 1,58 y está completamente redondo como el de una albóndiga; sus manos, sus brazos y sus piernas hasta están hinchadas de lo gordita que está y recuerda las cosas que le han dicho sus compañeros y comprende que tienen razón: es una cerda. Pero no es su culpa del todo hay otras razones mayores por lo cual esta asi, pero para que se engaña ella tambien tiene culpa aunque no quiera admitirlo por no poder cerrar la boca para no seguir comiendo. Eso termina por destrozarla. Las lágrimas vuelven a llenar sus ojos, pero ahora no las contiene y las deja fluir bajando por su mejilla. Ella se desploma en el piso, llevando sus piernas regordetas hacia su pecho hundiendo su rostro en sus piernas sintiéndose culpable de tener este físico tan deplorable a sus tan cortos 15 años. Los minutos pasan volando; ella sigue invadida por la melancolía, la tristeza y el dolor. Hasta que siente que no tiene mas lagrimas que sacar, levanta el rostro con el nudillo de su mano limpia sus lágrimas, se pone de pie y vuelve a ver su reflejo en el espejo. Pero nada cambia, su reflejo sigue siendo el mismo y del cual se siente mas avergonzada. Golpea el espejo impactando su nudillo contra el espejo quebrandolo eso le ayuda a tranquilizarse un poco pero el fuerte dolor aparece y ve como la sangre fluje machando todo. —Carajo —maldice en voz baja. Rapido acerca su mano al lavado abre la llave limpia la mano con agua intentando cortar el flujo de sangre, pero es imposible ademas de que es una pesima idea. Cambia de tactica usa su abrigo apretando su mano con fuerza logrando detener la sangre. De la nada, el sentimiento de culpa se ha ido, y ahora la ira llena su corazón. Recordando al culpable de todo esto. —Todo es culpa tuya, Hades Lara, te odio con todo mi ser... —declara mientras aprieta la quijada...Um ano se passou desde o nascimento do bebê de Karen e Felipe. O pequeno Lucas, com seus olhos brilhantes e sorriso encantador, trouxe uma nova luz à família. Karen, com um olhar de ternura, segurava Lucas em seus braços, sentindo o calor e a suavidade de sua pele. Felipe, ao lado dela, não conseguia conter o orgulho e a felicidade que transbordavam de seu coração.Bela, agora a irmã mais velha, estava radiante com catorze anos de idade. Ela adorava seu novo papel e se dedicava com entusiasmo a cuidar do irmãozinho. — Olha, mamãe, ele está sorrindo para mim! — exclamava Bela, enquanto balançava suavemente o chocalho colorido diante de Lucas. Seus olhos brilhavam de alegria e seu sorriso era contagiante.Karen observava a interação entre os filhos com um sorriso sereno. — Você está fazendo um ótimo trabalho, Bela. Lucas tem muita sorte de ter uma irmã tão amorosa, — disse Karen, acariciando os cabelos de Bela. Felipe, por sua vez, se aproximava e envolvia os três em um abraço caloro
O mundo de Felipe parou por alguns segundos, enquanto ele observava cada detalhe do rosto de Karen. Seus olhos percorriam o rosto dela, dos olhos brilhantes e cheios de vida até os lábios delicados que esboçavam um sorriso tímido. Ele sorriu, um sorriso puro e cheio de amor, e com uma mão trêmula, tocou suavemente o rosto dela. Murmurou novamente, com a voz carregada de curiosidade e ternura:— O que você quer me contar?... — Seus olhos fixos nos dela, buscando respostas. Felipe sabia que, pelo sorriso de Karen, era algo mais do que bom. — Hum?...Karen olhou para ele, seus olhos brilhando com uma mistura de alegria e nervosismo. Ela também tocou o rosto dele, sentindo a textura da pele que tanto amava. Com delicadeza, colocou a mão na barriga e depois retornou o olhar para ele, pegando a mão dele e colocando-a sobre sua barriga. Ela suspirou fundo, ainda sorrindo, e respondeu com a voz trêmula de emoção:— Eu... Eu estou grávida. — Disse ela, com os olhos marejados. — Estou grávida,
Depois que dona Cíntia passou um tempo com Karen, ela teve que voltar para casa para resolver alguns problemas no trabalho. Embora preocupada com a filha, ela sabia que tudo ficaria bem novamente. Após a saída da mãe, Karen se sentou no sofá da sala, sentindo uma crescente ansiedade. O relógio já marcava 9h da manhã e Flôr Bela, que havia dito que passaria a noite na casa de uma amiga, ainda não tinha chegado. A preocupação de Karen aumentava a cada minuto.Ela pegou o celular que estava em cima do sofá e tentou ligar para Bela várias vezes, mas sem sucesso. Frustrada, jogou o celular de volta no sofá e passou a mão pelos cabelos, tentando acalmar-se. Em seguida, tentou ligar para o motorista, mas o sinal estava fraco e a ligação não completava. O ambiente ao redor estava silencioso, exceto pelo som distante do trânsito matinal. A luz do sol entrava pela janela, iluminando a sala de estar. Karen olhou ao redor, sentindo-se sozinha e impotente.De repente, ouviu batidas na porta. Seu
Karen olhou nos fundos dos olhos de Ricardo, sorriu e respondeu:— Não… Nós não passamos a noite juntos… — murmurou, com a voz trêmula, os olhos fixos no chão. — Eu me lembro de tudo o que aconteceu na noite anterior. Se você tivesse tocado em mim, eu te mataria agora mesmo. — Seus olhos se ergueram, brilhando com uma mistura de raiva e dor. — Eu poderia fazer isso agora, mas não quero. Não quero porque tenho pessoas que amo, pessoas que significam o mundo para mim. Quero aproveitar a minha vida perto delas, sentir a alegria de estar com quem me importa. — Sua desgraçada!... — Exclamou Ricardo. — Outra coisa!... A Bela não está. Menti ontem à noite. Na verdade, ela saiu porque não quer ver a sua cara nem pintada de ouro! — Explicou Karen, com um tom de voz carregado de desprezo. Seus olhos brilhavam com uma mistura de raiva e determinação. — Mas... Agora ela tem um pai de verdade.Ricardo, com os olhos arregalados de raiva, exclamou:— Não fala dessa peste perto de mim! — Ele se lev





Último capítulo