Cuando escuché que el chef Ramsay dijo el nombre de Esmeralda sentí tanto alivio, que la dicha me desbordó. Di un salto y me precipité, pasando por encima de las personas que obstaculizaban mi paso, hacia el lugar en donde mi gatita parecía maullar a la luna.
«¿Es que no se dan cuenta que necesita de mí. que la pobre necesita ser abrazada con fuerza, y no solo eso, sino recibir también un gigantesco beso mío que la consuele y la ayude a recuperar las fuerzas que ahora no tiene ni en su cuerpo n