Resultó que no eran ni europeos ni estadounidenses, tampoco canadienses.
Eran sudafricanos.
Y no solo eso, sino que eran unos hombres muy amigables, súper divertidos y guapísimos, a los que se les unió un cuarto amigo que resultó ser un moreno de ojos claros espectacular, de cuerpo ejercitado y unos labios sonrosados que nos hizo suspirar a las tres tan pronto lo vimos.
«Ay, Dios mío, ¿por qué nos haces esto? ¿Por qué nos tientas así?»
Y no estaba enojada porque nos hubieran abordado e inter