Estaba seguro de que Esmeralda había quedado molesta después de lo que la obligué a hacer, en su habitación, pero no se me ocurrió otra alternativa para lograr al menos, por el tiempo suficiente que durase el concurso, o al menos hasta donde ella consiguiera llegar, de que no se siguiera enfrentando con mi madre. Era consciente, aunque quizá no fue esa la apariencia que di, de que ella no era la culpable de lo que estaba pasando y que, si había que señalar a alguien, era a mi mamá; eso lo tenía