Mi osito felpudo

No fue así y quien abrió fue Héctor que, con los ojos iluminados, me tomó de la mano y me arrastró dentro, hasta que nuestros cuerpos se juntaron y, mientras empujaba la puerta con el pie, me abrazó y nos besamos como si llevásemos una eternidad sin hacerlo y es que, para mí, que me sentía enamorada de él, era como si lo hubiera sido. 

Mientr

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