La segunda noche de ese fin de semana cayó sobre la ciudad, Caleb suspiró y echó su cabeza hacia atrás, recargándola en la pared del balcón ubicado en el departamento, que desde el día anterior ocupaba, su mano derecha pendía de su cuerpo sujetando un grueso vaso semivacío con whisky de malta.
Sus ojos azules y fríos se clavaron en la enorme ciudad que se extendía bajo el negro cielo, sus pensamientos no salían, manteniéndose presos tras la casi rabia en sus ojos, una suave brisa ondeó su largo