Capítulo 123 — Mañana

Catalina estaba de buen humor.

No era una alegría visible ni expansiva, sino esa serenidad afilada que solo aparece cuando las piezas encajan según lo previsto. El despacho estaba en silencio, roto únicamente por el roce de sus dedos al pasar una página y por el murmullo lejano del edificio, amortiguado por el cristal grueso de las ventanas. Todo seguía

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