Catalina no abandonó la mansión Blake.
Cuando salió del salón principal lo hizo sin prisa, sin gesto alguno que indicara retirada ni victoria. Cruzó el pasillo escoltada por dos de sus hombres y se detuvo en el jardín, bajo la luz cuidadosamente distribuida de los focos exteriores, donde las sombras de los árboles se proyectaban largas sobre la grava y la fachada de la casa quedaba completamente visible. Desde allí podía ver las ventanas, los accesos, la disposición de los hombres que custodiab