Mundo ficciónIniciar sesiónBianca Morel estaba sentada al otro lado de la sala. Al ver a Valeria entrar, se levantó despacio, con la expresión agotada, los ojos enrojecidos de quien ya ha llorado todo lo que podía permitirse. No dijo nada. No hizo falta. Se acercó y la abrazó con una firmeza inesperada, como si ambas supieran que, en aquel instante suspendido, sostenerse era lo único que aún estaba bajo su control.







