~ Amalia ~
Al abrir los ojos, vi a Dante sentado en el borde del colchón, de espaldas a mí.
Su postura no era la de alguien que acaba de despertar, estaba rígido, con los hombros tensos y la cabeza gacha.
— Dante... — Susurré, estirando la mano para tocar su espalda.
Se tensó ante mi contacto, pero no se alejó.
Cuando se giró, el corazón se me detuvo.
No era la mirada de sospecha que tenía en el cobertizo, era algo mucho peor.
Era la mirada que tenía la noche que quemó los archivos de l