~ Amalia ~
Dante dormía a ratos, sacudido por la fiebre y el dolor, mientras yo permanecía sentada a su lado, vigilando cada uno de sus alientos.
Acaricié su frente, retirando un mechón de pelo empapado en sudor.
Dante abrió los ojos lentamente, sus pupilas estaban dilatadas, pero su mirada seguía teniendo esa intensidad que me desarmaba.
— Estás despierto. — Susurré, tratando de sonreír— La fiebre ha bajado un poco.
— Amalia... — Su voz era un roce áspero. — Tienes que irte, Marcus deber