~ Amalia ~
El caos en la oficina de Dante era como un incendio que nadie sabía cómo apagar.
Eleanor, su asistente, corría de un lado a otro con carpetas y teléfonos que no paraban de sonar, mientras Marcus permanecía junto a la puerta, con la mano en su arma y la mirada fija en el pasillo.
El robo en Brooklyn no solo había golpeado el bolsillo de Dante, había destrozado su armadura de invencibilidad.
Dante estaba sentado frente a su escritorio, pero ya no parecía el rey del mundo.
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