El hospital tenía un olor que los envolvía a cada paso, una mezcla de antiséptico, metal y tristeza acumulada. El eco de los pasos se perdía en los pasillos largos, donde las luces blancas parecían nunca apagarse. Massimo caminaba junto a Alba, un poco más atrás, observándola con el corazón encogido.
Quería acercársele, quería abrazarla y preguntarle qué pasaba, pero no era capaz de decirle nada, sobre todo porque le había conseguido que le permitiera estar ahí, solo por su desesperación y preo