Se levantó muy de mañana, dejando a la joven mujer dormida, cubierta con nada más que una suave sábana. Se sentía un poco aturdido. Pasaron seis días desde que comenzó su luna de miel y en ningún momento dejó de pensar en ella, en su cuerpo y en lo placentero que era estar pegado a su piel. Sonrió ante las palabras que la joven le soltó luego de tres sesiones de pasión en la noche.
—¿Otra vez?
—Ya te había dicho que me vuelves loco.
—Claro… pero ya no puedo —le dijo, cerrando los ojos.
—¿Te rin