Más tarde, mientras los mozos, los maîtres y meseras pasearan para servir el banquete dentro de un ambiente agradable dentro del murmullo y los músicos de fondo, el sonido de una copa resonó por todo el salón. Andrei Gurkovsky llamó la atención para iniciar un brindis de buenos deseos.
—Si me dijeran que este año te casabas y con una de las mujeres más hermosas que he visto en mi vida, no habría perdido los ciento cincuenta mil dólares que ahora tengo que desembolsar —comunicó para oír al resto