La situación para Sara no habia mejorado en absoluto, ella sabía que se iba a hundir en esa cárcel, aunque su esperanza estaba puesta en su abogada, el encierro tan agobiador al que la tenían sometida, estaba quebrantando su salud mental, la soledad, el desespero por no saber de sus hijos, la ansiedad y la angustia estaban invadiendo todo su corazón, para aumentar su desgracia en la cárcel de ese pueblo no habían muchas mujeres condenadas, solo unas veinte, que tal vez pasaban pasajeramente, po