La puerta de la habitación se abrió con un sonido leve, casi torpe.
Omar entró tambaleándose.
Sus pasos no eran firmes.
El alcohol en su sangre lo hacía moverse como si el mundo no estuviera completamente estable. Tenía las mejillas encendidas, la mirada brillante y desordenada, y una expresión que no era habitual en él.
No era ira. No era frialdad.
Era algo más peligroso. Desbordamiento.
Se detuvo un segundo en el umbral, como si la habitación misma lo obligara a respirar.
La vio. Samyra.
Dorm