El amanecer entró sin pedir permiso por las cortinas entreabiertas de la habitación.
La luz era suave.
Iluminaba sin delicadeza lo que la noche había intentado guardar en silencio.
Samyra fue la primera en despertar. No abrió los ojos de inmediato.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, escuchando.
El sonido de la respiración de Omar a su lado.
Cercana. Real. Demasiado real.
Su cuerpo aún estaba envuelto en el calor de la noche anterior, pero su mente… su mente ya había comenzado a despertar