—¿Tienes pruebas, Samyra?
Lara la observó con aparente tranquilidad.
—Soy inocente. Jamás haría algo así.
Samyra sintió hervir la sangre.
Aún tenía el teléfono en la mano. La pantalla seguía mostrando aquel horrible video que se había propagado por las redes sociales como un incendio imposible de detener.
Miles de reproducciones. Miles de comentarios. Miles de personas juzgándola.
Años de estudio. Años de sacrificio. Años construyendo una reputación impecable.
Todo reducido a una mentira.
A una