Alya observaba a Hamdan como si el hombre que tenía delante fuera un completo desconocido.
Su voz salió apenas en un susurro.
—¿Cómo... cómo pudiste hacer algo así?
Hamdan evitó mirarla.
Por primera vez en muchos años, el poderoso jeque parecía incapaz de sostener la mirada de su propia esposa.
Respiró profundamente.
—Tú no lo entiendes.
Hamdan levantó la voz, intentando justificarse.
—¡Adnan sufrió toda su vida por no tener una madre! Creció sintiéndose abandonado, vacío... Mientras tú, Zayn, s