Aníbal conducía sin saber realmente hacia dónde iba.
Las luces de la ciudad desfilaban frente a él como manchas borrosas, incapaces de atravesar la tormenta que llevaba dentro.
No escuchaba el motor.
Solo escuchaba una y otra vez la voz quebrada de Elise.
"No te engañé... nunca te fui infiel..."
Después aquella confesión que había terminado por destrozarlo.
"Me agredieron... luché... pero no pude detenerlos..."
Sintió que el aire abandonaba sus pulmones una vez más.
Toda su vida creyó que había