Volvieron a casa juntos.
Pero el silencio entre ellos era tan pesado que parecía ocupar cada rincón del automóvil.
Ninguno habló durante el trayecto.
Samyra observaba las luces de la ciudad desfilar detrás de la ventana mientras intentaba controlar el nudo que tenía en el pecho.
Todo estaba listo.
La admisión al posgrado había sido aprobada.
Los documentos estaban preparados.
La abogada tenía instrucciones precisas.
Su salida del país estaba organizada.
Solo faltaba que llegara el momento.
Y aun