Samyra se quedó inmóvil apenas vio a Anur.
Por un instante, el mundo pareció detenerse.
Su corazón dio un salto violento dentro de su pecho.
No esperaba encontrarlo allí. No frente al despacho de Fadia.
No cuando estaba tan cerca de completar el plan que llevaba meses construyendo en silencio.
Los documentos estaban listos.
El wakala había sido firmado. La demanda de khula preparada.
Y en pocos días abandonaría el país sin que Omar supiera nada.
Todo dependía de mantener el secreto un poco más.