Desperté en el sofá de mi sala rodeado de algunos vidrios y muchas botellas de whisky vacía. Acaricié mi frente que palpitaba sin control, me puse de pie y caminé a la cocina. Tambaleando, me preparé una taza de café. Me senté con el café tibio en la mesa del comedor y de nuevo Angie arruinaba mi amanecer con sus llamadas.
―¿Por qué no contestas las llamadas?
―Es obvio que no quiero hablar… ¿Por qué sigues insistiendo?
―Tenemos que solucionar lo que pasó ayer. La periodista quiere demandarte.
―