Isabella
La lluvia empieza poco después de las nueve, fina al principio, casi imperceptible contra los ventanales del apartamento, pero suficiente para cubrir la ciudad con ese brillo húmedo que distorsiona las luces y vuelve todo más silencioso. Estoy de pie junto a la cocina cuando el teléfono vibra sobre la encimera, y no necesito mirar la pantalla para saber quién es.
Aun así, tardo un segundo en tomarlo.
No por duda.
Por cansancio.
Porque siento que llevo días respirando dentro de una tens