Evans
La sangre sigue cayendo lentamente por mi costado, caliente, constante, y ya no sé cuánto tiempo llevo sentado contra esta pared húmeda intentando mantenerme consciente. El dolor dejó de sentirse como algo localizado hace rato; ahora es un peso completo sobre el cuerpo, una especie de agotamiento brutal que convierte incluso respirar en un esfuerzo innecesariamente difícil.
Aun así, sigo despierto, por Isabella, solo por ella.
La habitación donde me tienen encerrado parece un viejo depósi