114. No más que yo mi amor.
Por eso ahora era imposible para Russell pensar en no tocarlo, por lo que lo tomó de las nalgas para llevarlo hacia la mesa, donde aventó todo lo que tenía sobre de ella para colocar el cuerpo de su esposo sobre de esta.
—Me encanta que tengas razón en cuanto a que perdía el tiempo montando en ese plato cuando lo que deseo se encuentra en este momento justo frente a mí.
Vladímir sabía que para su esposo era tan difícil resistirse a él como para él lo era resistirse a su esposo, no había más que