—Permiso, chicos. Tomaré esta llamada.
Matteo se levanta del asiento y camina fuera del restaurante.
Lleva el teléfono a la oreja mientras enciende un cigarro sin que lo vean, pues nadie sabe que tiene el hábito de fumar. Para los demás, él es perfecto en todos los sentidos.
El número que aparece en su pantalla ya lo conocía, así que responde con calma.
—Saludos.
Escucha aquella terrible voz con molestia y se aleja un poco el teléfono de la oreja.
—Ya lo sé, pero no es tan fácil. ¿O acaso no de