Me sumergí en el trabajo las horas que me faltaban, aunque no podía concentrarme del todo.
Me martillaba el pensamiento y el interés en saber qué había pasado con Cedric años atrás.
Al fijar la vista en el reloj, me di cuenta de que el tiempo había transcurrido rápido. Tomé mi bolsa y mis pertenencias; habían pasado quince minutos desde mi hora habitual de salida.
Aunque sé muy bien, en el fondo de mi corazón, que lo hice a propósito, porque sabía de la invitación de Matteo y mis pocas ganas de