Cuando el taxi me deja en la puerta y logro caminar hacia el ascensor, suelto un suspiro pesado. Entonces caigo en cuenta de que no le devolví la chaqueta a Matteo.
La dejo en mi antebrazo y sigo caminando junto con el ramo de rosas. Presiono el botón para que las puertas se abran y entro.
Cuando el ascensor se detiene, camino hasta mi puerta y marco la clave. Antes de que la puerta se abra por completo, alguien me sujeta la mano. El grito se me queda atorado en la garganta mientras dejo caer