RAINA
Dominic se volvió hacia mí. Tenía la mandíbula tan apretada que casi podía escuchar el rechinar de sus dientes. La habitual amabilidad de su rostro había sido reemplazada por una evidente frustración.
—Su falta de respeto ha llegado demasiado lejos —dijo con voz seca—. La escuché hablando por teléfono. Estaba hablando de ti.
Fruncí el ceño, sintiendo cómo la curiosidad se mezclaba con un mal presentimiento.
—¿Qué dijo?
Dominic vaciló un instante, como si estuviera decidiendo si debía cont