ALEXANDER
No había forma de que permitiera que Vanessa se acercara a Raina. Solo pensarlo hacía que me hirviera la sangre. Arreglar las cosas con Raina ya era lo suficientemente difícil sin que mi entrometida hermana lo empeorara cien veces más. Vanessa era un problema. Siempre lo había sido y siempre lo sería.
—No —respondí con frialdad, con un tono firme que no dejaba espacio para discutir.
Pero Vanessa, siendo Vanessa, no iba a rendirse tan fácilmente. Comenzó uno de sus famosos discursos, y