ALEXANDER
Liam despertando justo ahora, de entre todos los momentos posibles, no podía ser una coincidencia. Era una señal, un momento destinado a obligarme a enfrentar todo lo que había enterrado bajo años de ira, orgullo y arrepentimiento. Tenía que decirle la verdad a Raina: que seguíamos casados.
¿Pero cómo?
Ya podía imaginar su reacción. Exigiría el divorcio en cuanto lo descubriera y, con todas las probabilidades a su favor, no había duda de que lo obtendría. Aun así, no podía permitir qu