RAINA
Me repetí una y otra vez que tenía una hora.
Sesenta minutos.
Sesenta minutos para acabar con el juego de Vanessa, recuperar la tarjeta SD y, quizá... solo quizá, recuperar un poco del control sobre el desastre en el que se había convertido mi vida.
El parto de Faith había trastocado todos mis planes.
Y mis nervios ya estaban al límite.
Pero perder la cabeza no era una opción.
No ahora.
No cuando había tanto en juego.
La sala de espera era un borrón de colores apagados y olor a desinfecta