—Ven, siéntate y cuéntame bien.
Norma rodeó los hombros de Patricia y la llevó a la zona de descanso del lobby.
La acomodó en el sofá, pidió en recepción que trajeran café y bocadillos, y ella misma le sirvió una taza.
—Todo es culpa mía... quise ayudarte presentándote a alguien para que te casaras, y quién iba a pensar que ese Bruno...
Suspiró con un pesar fingido, con el rostro cargado de culpa.
—Menos mal que estás bien... si algo te hubiera pasado, no me lo perdonaría nunca.
Patricia siguió