Capítulo 74.

Capítulo 74

Sarah.

La mañana siguiente, el timbre volvió a sonar a las ocho en punto. Ya sabía lo que me esperaba. Abrí la puerta y ahí estaba de nuevo el repartidor, con otro ramo de orquídeas blancas, más grandes y caras que las anteriores. Mis manos temblaban de rabia, no de miedo, sino de una indignación pura que me recorría el cuerpo.

Tomé el ramo sin decir una palabra. Cerré la puerta de un golpe y me quedé mirando las flores en el jarrón. El aroma era dulce, pero para mí apestaba a manip
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