—¡Alana, no puedes permitirte arrepentirte! —gritó Jasper desde fuera de la puerta.
Yo no respondí nada más.
Jasper tampoco se quedó mucho tiempo. Regresó a la villa y, apenas entró, pateó la mesa con furia, volcándola. El estruendo fue tan grande que sobresaltó a Lyra, quien se encontraba en el interior con una mascarilla facial.
Ella salió corriendo apresuradamente y vio a Jasper sentado en el sofá, con el rostro lleno de frustración.
—¿Qué sucedió? —preguntó con cautela.
—Alana dice que va a