Después de buscar por todos lados, encontré a Mateo en el dormitorio del segundo piso.
Apestaba a alcohol y estaba desplomado junto a la cama, con una botella de vino tinto en la mano y un portarretratos en el regazo. Tenía la mitad de los botones de la camisa desabrochados, dejando al descubierto su pecho pálido y fornido.
Extendí la mano para coger la botella de vino y él la soltó. Pero cuando intenté tomar el portarretratos, abrió los ojos de inmediato. Sus ojos oscuros y profundos me miraron