Sebastián sintió que su corazón fallaba un latido, pero se mantuvo firme. Él ya planeaba renunciar; entonces, tal vez esa fuera la mejor decisión.
— Como desee, señor. —
Leonardo continuó mirando al joven, como si quisiera leerlo. Pero era imposible con aquella expresión indescifrable suya.
Mientras tanto, recordaba el abrazo que él le dio a su hija y haber encontrado a los dos en un ambiente cercano en la habitación del hospital, lo que despertaba su inquietud; una parte de él se negaba a acep