Leonardo miró a Julia con su expresión aún impasible e indiferente. Dio un paso, lo suficiente para cerrar la distancia entre ellos, y la observó desde arriba, cubriendo su cuerpo con su sombra.
–¿De verdad crees que aún voy a creer en algo que salga de tu boca?–
Julia sintió su corazón apretarse dolorosamente al oír esas palabras duras y frías viniendo de él.
–Desde que llegaste a esta casa solo mentiste y mentiste. Y, dos veces, tocaste lo más sagrado e importante para mí: ¡mi hija! Primero f