Epílogo 2. Calma
"Iris"
Caminamos juntos de regreso a casa, mis dedos firmemente entrelazados con los suyos, mi corazón latiendo cada vez más rápido, ansioso. La piel áspera y el calor real de su palma contra la mía me anclaban a esa nueva realidad. Viktor a mi lado, diciendo que me había elegido.
Cuando doblamos la esquina de la pastelería, sentí el peso de mi realidad. La fachada, con olor a pastel recién horneado y pan fresco, parecía pertenecer a un mundo completamente diferente de aquel de donde venía Vikt