Capítulo 95. Pasión prohibida
"Diana"
Ícaro cortó un trozo de pastel y lo puso frente a mí —un pastel que él mismo había hecho. Se había convertido en una rutina loca: a veces aparecía de día, a veces de noche, dormía allí y me mimaba a la mañana siguiente sirviéndome el desayuno.
Cada día me decía que sería el último. Y, sin embargo, terminaba en su cama, deseando más al día siguiente. No salíamos a ningún lado; existíamos solamente allí, en esa casa. Ícaro no preguntaba, no presionaba. Yo no tenía idea de qué era aquello