Capítulo 34. Fantasma del pasado
"Augusto"
Fui más rudo de lo que pretendía con la prima de Isabella, pero no estaba de humor para escuchar consejos sobre mi vida. Podía entender su instinto protector, pero Isabella era una mujer adulta y sabía defenderse.
Cuando entré en la habitación de mi hermano, ella estaba a su lado, cuidándolo con cariño y ayudándolo. —¿Todo bien? —preguntó, mirándome con preocupación.
—Sí. No te preocupes. Necesito que vayas a casa; los guardias te escoltarán hasta la casa de mi abuela, todos siguen reunidos allí hasta nueva orden.
—Puedo quedarme, no hay problema —respondió ella—. Tu hermano necesita compañía.
—No puedo permitirlo —fui firme—. Mi padre ya está furioso porque rompí el protocolo.
—¿Pero tu hermano se va a quedar solo? —Ella se quedó un poco impactada. Estaba seguro de que, en una familia “normal”, todos se reunirían en el hospital.
—Yo me quedaré con él. No tienes de qué preocuparte. No es una opción; tienes que irte.
Me miró dolida, pero no podía ceder. Isabella se fue, deján