Capítulo 33. Mi Diosa
"Camila"
Mi prima parecía no darse cuenta del peligro en el que se estaba metiendo. Casi la habían atacado en su casa e ahora a su cuñado le habían pegado un tiro. Yo ya habría salido corriendo muy lejos; no valía la pena tener dinero si ibas a arriesgar la vida.
Vine al hospital para asegurarme de que ella estuviera bien, pero, además de bien, estaba loquita por su prometido falso, quien yo ya notaba que no era tan falso después de todo.
No quería ser pesimista, pero tenía miedo de que, si ella se acostaba con Augusto, todo se arruinara, él perdiera el interés y mi prima terminara arrastrando un matrimonio de apariencias cargado de amargura.
Mi intención era solo pasar un momento y ahora estaba aquí, en la habitación de un hombre que ni conocía, que acababa de despertar tras una cirugía delicada.
La familia del pobre estaba en “protocolo de seguridad”, sea lo que sea que eso signifique. Augusto fue a resolver algo e Isabella estaba informando al resto, a quienes parecía no importarle