"Júlia"
La casa de mi madre seguía igual. Hasta el portón todavía tenía el mismo color. Mi deseo era rechazar aquel encuentro, pero no había forma. César se sentiría decepcionado y, después de nuestra última discusión, yo no quería indisponerme con él otra vez; ya había sido suficientemente difícil ponerlo contra la pared.
Ahora yo estaba allí, con Adam en brazos, forzando mi mejor sonrisa y rezando para que la conversación terminara lo más rápido posible. En cuanto bajamos del coche, mi madre