Las jornadas subsiguientes se desarrollaron bajo un marco de notable quietud, pero carecieron por completo de los parámetros habituales de la normalidad.
Una transición de fondo había cobrado vigencia en el interior de la residencia, y Judy poseía una nítida percepción del fenómeno.
David conservaba los rasgos esenciales de su identidad —un hombre ecuánime, controlado, riguroso—, pero en el ciclo contemporáneo coexistía con un elemento inédito en su conducta. Una sutil delicadeza. Una precaució