El avance de las horas matutinas se ejecutó bajo un compás de notable parsimonia en el interior de la mansión Jones.
David permanecía recluido en las dependencias de su despacho privado, con las pupilas fijas en el monitor de su ordenador portátil; no obstante, su actividad cognitiva se hallaba distante del entorno inmediato. Los balances macroeconómicos saturaban la pantalla y los reportes institucionales se apilaban de forma sucesiva, pero la información carecía aún de una articulación lógica