CAPÍTULO 58
La furia de Isabella
La mansión se hallaba sumida en un inusual e inquietante sosiego.
En el interior de una de las estancias más amplias y suntuosas de la propiedad, Isabella se desplazaba de un extremo a otro con ademanes erráticos.
Mantenía las manos fuertemente ceñidas en puños.
Sus facciones lucían completamente encendidas a causa de una indignación incontenible.
Clara permanecía sentada en el sofá de terciopelo, esforzándose al límite por conservar una postura ecuánime.
Había