A la mañana siguiente, el sol se elevó lentamente, tiñendo el cielo con delicados matices de rosa y naranja. El aire soplaba fresco y la ciudad parecía cobrar vida con un movimiento vibrante, pero Judy apenas pudo percatarse de ello. El corazón le latía a mil por hora, resonando con más fuerza que el propio bullicio urbano. Hoy era el gran día. El día de la convención corporativa. El día en que debía presentarse ante el mundo entero del brazo de David.
Se despertó temprano, incluso antes de que