Isabella estaba de pie cerca de la gran ventana, con el teléfono presionado con fuerza contra su oído.
Estaba de espaldas a la puerta.
Su voz era baja.
Casi un susurro.
—Sí —dijo rápidamente—. Todo está saliendo según lo planeado.
Hizo una pausa, escuchando.
Sus dedos temblaron ligeramente.
—No —continuó—, él no sospecha nada todavía. Pero las cosas están cambiando.
Caminó lentamente por la habitación, con sus tacones haciendo un suave clic sobre el suelo de mármol.
—Debes tener cuidado —añadió